El proper 15 d’abril a les 18h, dins del nostre CLUB DE LECTURA, et convidem a parlar de l’obra “ Años de Sequía ” de l’autora Jane Harper.

Per assitir-hi només has d’haver-te llegit el llibre , tenir ganes de participar o escoltar i inscriure’t mitjançant aquest enllaç

Aforament Límitat ( 10 persones presencials, la resta seguiran el Club on-line)

Per què hem triat aquest llibre?

 

  • Perquè ja es costum que cada any ens proposem compartir una novel.la negra i no volíem faltar a la nostra cita aquest any, malgrat tot.
  • Perquè el fet que aquesta estigui situada a la llunyana i força desconeguda Austràlia ens oferia la possibilitat d’afegir una mirada diferent a les novel.les negres que havíem llegit fins ara.
  • Perquè, com les novel.les negres que més ens agraden el més important no és, en realitat, resoldre un crim, sinó conèixer les circumstàncies i problemes d’una comunitat, saber per què pot sorgir la maldat en un determinat context i com reaccionen els membres de la mateixa.
  • Perquè l’Aaron Falk ens agrada per la seva normalitat, allunyat dels clixés dels detectius de novel.la negra tradicional, però apareix carregat d’un passat dolorós que ens fan voler conèixer-lo més i millor.
  • Perquè ens ha interessat l’autora, nova en la literatura de gènere, per la seva manera de narrar i teixir les trames.

Per saber-ne més

 

Dues ressenyes aparegudes a la premsa amb motiu de l’aparició de la novel.la el 2017:

  1.  https://www.lavanguardia.com/vida/20170911/431205057448/la-escritora-jane-harper-se-plantea-seguir-con-aaron-falk-en-su-tercer-libro.html
  2.  https://elpais.com/cultura/2017/10/31/elemental/1509427506_757989.html

Un tastet per a voler seguir llegint…..

 

[…]

“Incluso los que no aparecían a las puertas de la iglesia entre una Navidad y la siguiente se daban cuenta de que ese día no habría asientos para tantos dolientes. Cuando Aaron Falk llegó con su coche levantando una nube de polvo y hojas secas, en la entrada se había formado ya un cuello de botella de color negro y gris.

Decididos a avanzar, pero disimulando, los vecinos se daban empujones para conseguir una posición ventajosa a medida que la aglomeración iba franqueando lentamente las puertas. Los periodistas se acumulaban al otro lado de la calle.

Falk aparcó su sedán junto a una camioneta que también había conocido tiempos mejores, y apagó el motor. El ventilador del aire acondicionado hizo un traqueteo al detenerse y el interior del vehículo empezó a calentarse de inmediato. A pesar de que no tenía tiempo, se tomó un momento para contemplar al grupo de gente. Había remoloneado durante todo el viaje desde Melbourne, con lo que había tardado más de seis horas en cubrir un trayecto de cinco. Tras comprobar que no había nadie cuyo rostro le sonara, salió del coche.

El calor de media tarde lo envolvió como una manta. Al abrir la portezuela trasera para sacar la chaqueta, se quemó la mano. Tras un instante de duda, cogió también el sombrero que había en el asiento. Ala ancha, lona rígida de color marrón; no quedaba bien con su traje de funeral, pero con un cutis que la mitad del año tenía el tono azulado de la leche desnatada y la otra mitad lucía un racimo de pecas de aspecto canceroso, a Falk no le importaba correr el riesgo de meter la pata en cuestiones de indumentaria.

Pálido de nacimiento, de pelo rubio casi blanco muy corto, y pestañas invisibles, a lo largo de sus treinta y seis años había pensado más de una vez que el sol australiano trataba de decirle algo. Era más fácil desoír el mensaje en las sombras alargadas de Melbourne que en Kiewarra, donde el refugio a la sombra era un lujo demasiado fugaz.” […]

Glòria López Forcen