El curso dará comienzo el día 8 de noviembre en la Sede de Barcelona y comprenderá todos sus viernes. La pretensión es realizar una aproximación al Arte Contemporáneo desde la década de los sesenta para romper con el discurso estético-formal inaugurado por Vasari desde el siglo XVI.

Brillo Box. Andy Warhol 1964

Cuando en 1964 Warhol expone su obra “Brillo Box” comprendemos ya que cualquier cosa puede ser arte; por tanto, no solo la idea de arte cambiará, sino también la manera de interpretarlo. La forma y el estilo no serán los únicos motivos que nos dan a entender las propuestas de los artistas, sino que a partir de ahora deberemos también pensar filosóficamente con la obra: olvidemos la pregunta de si algo es arte o no lo es, preguntémonos “porqué” esa cosa es arte.

A partir de este momento y dentro de lo que denominamos “la postmodernidad”, nunca más va a aparecer un relato legitimador que pretenda definir determinadas disciplinas de la Historia del Arte. Infinidad de comportamientos artísticos funcionarán como un pensamiento de valores múltiples tanto estéticos como políticos, con el fin de abrir la mente del espectador para que complete la obra. Veremos cómo se va desarrollando una nueva sensibilidad al interpretarla con ejemplos que irán desde la pintura a la escultura, de las instalaciones a las performances, del arte de los museos al de la tierra, o hasta las nuevas miradas del cine contemporáneo.

Con el fin de ofrecer un aperitivo de aquello que trataremos en el curso me he permitido realizar un escrito sobre una tendencia artística iniciada durante la segunda mitad del siglo XX y de la cual van a partir muchos postulados sobre la formalización de la obra de arte.

Se trata del Arte Minimal, porque al minimizar la materia artística aflora el concepto que ella misma encierra, preámbulo de aquel al que denominaremos un poco más tarde Arte Conceptual, tan en boga en nuestros días.

Minimalismo y bidimensionalidad

Retrocedamos hasta los años 50, cuando el pensamiento formalista de Clement Greenberg pretende llevar al límite la especificidad del medio pictórico como tal, sin que ningún elemento ajeno pueda adulterar la pintura, entendida esta como materia esencialmente pura, hasta llegar a afirmar que el marco “ha abandonado toda profundidad –virtual- (la Renacentista) y todo aquel mensaje Humanista se transforma ahora en mero objeto: de ahí partirá de forma inevitable el Arte Minimal. ”

La época de Greenberg es el momento de mayor auge de la pintura in-formalista, donde la idea principal consistirá en representar la pintura como materia; pero también será de vital importancia el acto de pintar, que quedará justificado como un puro alarde de creatividad (gestualidad y espacialismo).

Pollock “inventa” los drippings (chorreados de pintura) y Rothko con sus campos de color suspendido inunda el ojo del espectador en un halo de misticismo; pero aunque la perspectiva aparentemente resulte inexistente, se percibe una palpable tridimensionalidad.

Number 5. Jackson Pollock. 1950

 

Las líneas gestuales de Pollock colocadas reiteradamente unas sobre otras mediante diferentes gamas de color crean sensación de profundidad, y en Rothko aquellos campos expandidos realizados mediante suaves veladuras unas sobre otras, dan la impresión de que la pintura surge del cuadro flotando e inundando la realidad perceptiva del espectador.

 

Rosa y blanco sobre rojo. Rothko.1957

Si volvemos la mirada todavía más atrás y pensamos en Mondrian, observamos una pintura plana y geométrica, los colores no tienen matices, las líneas que los demarcan son utilizadas como punto de cierre, como un compartimento dentro de espacios definidos: aunque dicho color dé la impresión de estar en armonía con los que lo circundan, permanece aislado, independiente.

Composición en rojo, amarillo, azul y negro. Mondrian, 1921

Al regresar de nuevo a la época del Informalismo, aquella en la que Rothko pinta sus grandes formatos líricos de pintura suspendida, nos encontramos también con la pintura expandida de Barnet Newman, aunque con algunas diferencias.

Vir Heroicus Sublimis. Barnet Newman. 242×513 cm. 1950

 

Al observar la obra, podemos decir que está más cerca del Abstraccionismo Geométrico de Mondrian que del Informalismo, corriente a la que preferentemente pertenece. Vemos una pintura de gran formato, impactante, pero plana, uniforme, sin matices ni tonos imperantes. Además su tamaño rodea y absorbe a la vez la mirada del espectador: podríamos afirmar que estamos delante de una obra pre-minimalista, donde el color ha quedado reducido (o es casi único), y las formas están configuradas por simples líneas que aparentan dibujar distintas figuras geométricas sin interrelacionarse demasiado, algo así como en los cuadros de Mondrian.
Parecen la cosa misma, hasta el cuadro ha sido elaborado sin marco con el objetivo de hacer olvidar al espectador la idea de pintura, para transformarlo en objeto.
De estas obras entendidas como un todo bidimensional (la pintura es plana) partirá la creación de objetos con “presencia” espacial y que calificaremos ahora, aunque resulte paradójico, de escultura bidimensional; pues ya no son simple pintura o escultura, sino sobre todo son objeto, al absorber todo su contenido matérico. Desprecian el marco pero incluyen sus límites y destruyen la idea que hasta ahora considerábamos como fidedigna para la representación de lo real.
Mediante la presencia del objeto que ocupa el lugar de una pintura que tenía pretensiones de copiar la realidad, los artistas consiguen borrar de la mente del espectador aquella visión engañosa que formalizaba la representación.

El mismo proceder pero a la inversa lo tendremos con el material escultórico al mirar esta obra de Carl André:

Zink Quadrank. Carl André.1976. Zinc

 

La obra está configurada por formas geométricas primarias planas adheridas al suelo, no se puede rodear desde otros ángulos, no existen preferencias para observarla, no posee pedestal, ni tampoco tiene un grosor ampliamente perceptible. Aunque es una escultura realizada con zinc (metal) y ocupa un suelo (como la escultura tradicional) no podemos asegurar con firmeza si es tridimensional o es bidimensional.

Observemos este otro ejemplo:

The nominal tree. Dan Flavin. 1963

 

Hay tres grupos de fluorescentes pegados a la pared; cuando están apagados adquieren un cierto valor tridimensional, pero al encenderlos irradian luz por toda la sala distorsionando la percepción visual del espectador, vemos que se reflejan en el suelo y en el muro, e incluso se confunden con los ángulos del lugar que ocupan y, si los miramos de frente, la luz distorsiona nuestra visión para crear un espacio plano, de nuevo bidimensional.

Pero si observamos la obra de Judd aún resulta más compleja la percepción de tridimensionalidad.

Seis cajas. Donald Judd. 1964

 

Vemos seis cajas de metal a modo de espejo donde el suelo queda reflejado en el objeto (las cajas). Tierra y objeto se confunden en el espacio, no existe una tridimensionalidad ampliamente perceptible, sino que objetos y espacio dan la impresión de que forman parte de un solo plano; forma y percepción visual se funden en una imagen única que llena toda la sala expositiva.

Podríamos afirmar con lo expuesto, que lo más importante en el Arte Minimal no es únicamente el empleo de elementos básicos para evitar cualquier afán de imitación, sino que su aplicación atiende con preferencia al concepto. Al convertir al objeto en algo etéreo e imperceptible, al desmaterializarlo sin olvidar la sensación que emite su presencia, utilizamos una fórmula que le permite bordear la inexistencia… material, claro.

José Luis Subías

Informació i matrícula